El macramé también puede ser terapia.
Durante una hora, el tejido se convierte en una herramienta terapéutica y de autoconocimiento. La forma en la que eliges, aprietas, sueltas, corriges, deshaces o buscas la perfección puede reflejar tu estado emocional, tus patrones y la manera en la que te relacionas contigo y con lo que haces.
Mientras las manos trabajan, la mente baja el ritmo y se abre un espacio para observar, sentir y expresar aquello que muchas veces no encuentra palabras.
El macramé favorece la presencia, la concentración y la regulación emocional, mientras permite explorar lo que aparece en el proceso.
No se trata de hacer una pieza perfecta. Se trata de descubrir qué aparece de ti mientras la tejes.
17/09/2026