A propósito de la depresión…
En un hermoso día del verano de 1913 -un año antes del estallido de la Primera Guerra Mundial- el creador del Psicoanálisis (Sigmund Freud) paseaba por la comarca de Dolomitos (zona escarpada entre Italia y Alemania), en compañía de dos virtuosos: el poeta Rainer María Rilke y el músico Gustav Mahler. Frente a la increíble belleza de la naturaleza que rodeaba el sendero, Freud recalcó lo excelso del paisaje, a lo que el joven escritor checo replicó con nostalgia que nada era para siempre, que a fin de cuentas llegaría el otoño y que el invierno borraría todo rastro de ese paraje espectacular. Freud meditó en esto por largos meses y escribió un texto en el que plantea su posición frente a las pérdidas de la vida.
Ante el pesimismo del poeta, nada pudo refutar, pero logró discernir que una cosa era perderlo todo, y otra muy distinta era no valorar aquello que se perdió, por el simple hecho de que se acabara antes de lo que esperábamos: Al contrario, la cualidad de transitorio implica un valor de rareza en el tiempo. “Las limitadas posibilidades de gozarlo lo tornan tanto más precioso”.
Y así llega a la conclusión de que ambos, el poeta y el músico, precisamente por tener almas hipersensibles (seres humanos excepcionales) se anticipan al dolor de la pérdida con un mecanismo psicológico de defensa que les hace menospreciar lo perecedero, en vez de enaltecerlo, pues “el alma se aparta instintivamente de todo lo doloroso…”.
Perder algo o a alguien implica un proceso “necesariamente doloroso” (dice Freud); el negarse a aceptar esa pérdida es lo que se llama duelo.
“Sabemos que el duelo, por más doloroso que sea, se consume espontáneamente. Una vez que haya renunciado a todo lo perdido se habrá agotado por sí mismo y nuestro ser quedará nuevamente en libertad de sustituir los objetos perdidos por otros nuevos, posiblemente tanto o más valiosos que aquéllos, siempre que aún seamos lo suficientemente jóvenes y que conservemos nuestra vitalidad.” Podremos volver a reconstruir todo lo que la muerte nos arrebató, “quizás en terreno más firme y con mayor perennidad.”