Preguntas de pacientes (1237)

  • Hola, llevo dos semamas operada de una hernia umbilical., y hoy sin queres he cogido a mi hijo que p

    Hola, llevo dos semamas operada de una hernia umbilical., y hoy sin queres he cogido a mi hijo que pesa 14 kilos porque en ese momento ni me he acordado que no podia, a sido dos minutos, pero ahora tengo como un pequeño dolor en un lado y quemazon

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He visto situaciones similares en pacientes que, al poco tiempo de una cirugía de hernia umbilical, olvidan las restricciones momentáneas y realizan pequeños esfuerzos, como cargar a un niño. A las dos semanas de la intervención, los tejidos internos aún están en proceso de cicatrización y no han recuperado por completo su firmeza original. Esa sensación de dolor leve y cierto ardor tras sostener peso suele indicar que has forzado un poco la zona operada, provocando una tensión adicional en la herida y en la malla (si es que se utilizó) que se colocó para reforzar la pared abdominal.

    En la mayoría de los casos que he revisado, estos síntomas suelen ser pasajeros y no necesariamente señalan una complicación grave, especialmente si el dolor es moderado, no aumenta progresivamente, no hay inflamación notable ni cambios en la apariencia de la herida. Aun así, es importante observar la evolución durante las próximas horas o días: si la molestia disminuye con el reposo, la aplicación de una compresa tibia (no caliente) o con un analgésico suave (siempre bajo consejo médico), probablemente no pase de ser un simple recordatorio de que el cuerpo todavía requiere cuidados.

    Lo que a menudo sugiero a mis pacientes es evitar, al menos durante las primeras cuatro a seis semanas, levantar objetos pesados o hacer movimientos bruscos. Aunque a veces la rutina, el descuido o las circunstancias obligan a un acto reflejo (como tomar a un hijo en brazos), conviene tratar de ser más consciente durante esta etapa: cada esfuerzo excesivo aumenta el riesgo de que se abran puntos internos, se formen seromas o se generen molestias innecesarias.

    Si en los próximos días notas que el dolor empeora, aparece una hinchazón significativa en la zona, calor, enrojecimiento, secreción o cualquier signo que sugiera una irritación mayor, sería prudente evaluar la herida más a fondo. En tales casos, una valoración directa en consulta permite verificar si todo va en orden, tranquilizar al paciente y, de ser necesario, aplicar las medidas correctivas correspondientes. En la mayoría de las ocasiones, no hay que alarmarse; basta con un reposo relativo, vigilancia de los síntomas y recordar que es mejor pedir ayuda a alguien más para cargar peso durante el periodo de convalecencia.


  • Hace 21 días tuve cirugía de apendicitis con peritonitis y quería saber si ya es recomendable tener

    Hace 21 días tuve cirugía de apendicitis con peritonitis y quería saber si ya es recomendable tener relaciones sexuales

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He tenido la oportunidad de ver casos similares en pacientes que, tras una apendicitis complicada con peritonitis, sienten curiosidad sobre cuándo retomar una vida sexual normal. A los 21 días de la cirugía, el cuerpo suele haber avanzado en la recuperación inicial, pero es importante recordar que, en casos con peritonitis, el proceso de sanación interna es más complejo que en una simple apendicectomía sin complicaciones. La inflamación, las suturas internas y el ajuste que está experimentando la zona abdominal aún pueden requerir un poco más de tiempo antes de someterla a tensiones extras.

    La actividad sexual involucra movimientos, cambios de posición, contracción de la musculatura abdominal y, en ocasiones, un incremento de la presión interna. Aunque esto no significa que tengas prohibido retomar tu vida íntima, es recomendable ser prudente. He visto pacientes que, entre la tercera y cuarta semana, empiezan a probar con acercamientos suaves, siempre prestando atención a las señales de su cuerpo. Si al intentar retomar la actividad sexual notas dolor, tirantez, punzadas o incluso fatiga inusual, lo mejor es pausar y esperar un poco más. La idea no es forzar el organismo, sino permitirle adaptarse gradualmente.

    En algunos casos, la simple comunicación con la pareja ayuda: pueden optar por posiciones que no ejerzan presión directa en la zona abdominal, o bien limitar la intensidad hasta asegurar que no haya molestias. También es útil tener en cuenta el estado general: si todavía sientes sensibilidad alrededor de la cicatriz, inflamación leve, debilidad o miedo al dolor, podrías demorar unos días más. La paciencia aquí suele ser la mejor aliada.

    Ahora, si a pesar del tiempo y la cautela surgen dolores intensos, cambios visibles en la herida, secreciones o fiebre, sería sensato que evalúes la situación con más detenimiento. En mi experiencia, una revisión oportuna sirve para descartar complicaciones tardías como abscesos, pequeñas infecciones subclínicas o adherencias que pudieran dificultar una recuperación plena.

    La mayoría de los pacientes que he visto en situaciones parecidas logran retomar su vida sexual con total normalidad, sin limitaciones a largo plazo. Simplemente no hay que apresurar el proceso. Si prefieres contar con una opinión más personalizada, no dudes en que podemos revisar tu caso a detalle, conocer la evolución exacta de tu herida y asesorarte sobre la mejor forma de retomar tu intimidad sin arriesgar el avance logrado en estas semanas. Como he dicho en otras ocasiones, cada organismo tiene su propio ritmo y, con un manejo cuidadoso, lograrás volver a tu dinámica previa con la menor incomodidad posible.


  • Buenas noches hace dos meses me operaron de una hernia umbilical,después de la cirugía sufro muy seg

    Buenas noches hace dos meses me operaron de una hernia umbilical,después de la cirugía sufro muy seguido de estreñimiento y se me embota el estómago y me causa mucho dolor,por favor quisiera saber a qué se debe y que puedo hacer... Muchas gracias por su respuesta.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He notado que, después de una cirugía de hernia umbilical, algunos pacientes presentan ciertas alteraciones en su tránsito intestinal. No es que el quirófano les haya instalado una “fábrica” de estreñimiento, pero sí he visto con frecuencia que, tras la intervención, el cuerpo adopta comportamientos más lentos y reacios a mantener la armonía digestiva a la que quizá estabas acostumbrada antes. A los dos meses de la operación, la zona aún puede encontrarse un tanto sensible y no es raro que, en la búsqueda del equilibrio, tu organismo responda con estreñimiento, distensión y molestias abdominales.

    Este tipo de cuadros puede tener varias raíces. Por un lado, la disminución de la actividad física en el periodo postoperatorio —cosa comprensible, ya que no es el mejor momento para trotar maratones— resta estímulo al intestino, haciendo más difícil el paso del bolo fecal. Por otro lado, el dolor o las molestias abdominales pueden llevarte a modificar la dieta, quizá sin darte cuenta, recurriendo a alimentos menos ricos en fibra o aumentando el consumo de alimentos bajos en volumen pero también en nutrientes que favorezcan el tránsito. Además, la tensión del tejido cicatricial y la adaptación de la pared abdominal al nuevo orden interno pueden influir en la forma en que el intestino se mueve y empuja su contenido hacia adelante.

    Lo que suelo recomendar es comenzar por revisar la dieta y el nivel de actividad. Incluir frutas, verduras, cereales integrales y leguminosas, así como mantener una buena hidratación, suele mejorar el panorama. Beber agua con constancia no es una conspiración del sistema de salud para hacerte vivir en el baño, sino una estrategia probada: un intestino adecuadamente hidratado facilita el recorrido del material fecal. A menudo sugiero, con pacientes en una situación similar, ejercicios suaves, caminatas cortas y estiramientos abdominales muy ligeros para reactivar el peristaltismo sin forzar la zona operada. También hay quienes se benefician de probióticos, siempre y cuando se elijan con cierto criterio; no todos los frasquitos “milagrosos” del súper funcionan igual.

    Ahora bien, si a pesar de estos ajustes el problema persiste, se intensifica o va acompañado de otros síntomas más sospechosos —dolor desproporcionado, fiebre, cambios drásticos en la consistencia de las heces, o si notas alteraciones significativas en tu apetito o tu peso—, convendría evaluar el asunto más a fondo. En algunas ocasiones, al revisar el caso de manera personalizada, podemos detectar detallitos que pasan desapercibidos: desde la presencia de adherencias internas que pueden influir en la dinámica intestinal, hasta pequeños desbalances hormonales, metabólicos o dietéticos.

    Lo importante es no alarmarse de entrada; estos inconvenientes pueden ser parte del proceso de recuperación. Aun así, si sientes que la situación te limita mucho o te provoca una calidad de vida insatisfactoria, no dudes en considerar una consulta. Al contar con más información (por ejemplo, tus hábitos alimenticios exactos, tu grado de actividad física, el tipo de dolor o la localización exacta de la molestia), puedo orientarte con mayor precisión. He visto muchos pacientes atravesar este tipo de fase postoperatoria, y con un par de ajustes inteligentes y un poco de paciencia, la mayoría logra recuperar una función intestinal mucho más llevadera, sin necesidad de convertirse en esclavo del estreñimiento ni vivir con el abdomen inflamado.


  • Hola, tengo 2 meses que me quitaron la apendice, me duele mucho al tener los pies doblados ó al esta

    Hola, tengo 2 meses que me quitaron la apendice, me duele mucho al tener los pies doblados ó al estar sentada, siento como unos piquetes
    Esto es normal? Ó cuanto tiempo me durará este dolor al doblarme?
    Gracias

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He visto casos similares en pacientes que, incluso a dos meses de una apendicectomía, describen sensaciones como puntadas, tirantez o pequeños “piquetes” cuando se sientan o flexionan las piernas. Esta incomodidad suele estar relacionada con la adaptación interna de los tejidos que fueron manipulados durante la cirugía. A pesar de que externamente la cicatriz puede lucir estable y sin problemas, internamente hay suturas, planos musculares y nervios que continúan su proceso de cicatrización y reorganización.

    En otras palabras, el cuerpo sigue reacomodando sus piezas, y esto puede generar molestias al ejercer presión en determinadas posiciones, como estar sentado por períodos prolongados o con las piernas dobladas. He notado que, en la mayoría de los pacientes, estas sensaciones tienden a disminuir gradualmente conforme avanza la recuperación, pero el ritmo no es el mismo para todos. Hay quienes al cabo de dos o tres meses ya casi no sienten incomodidad, mientras que otros pueden requerir un poco más de tiempo antes de que el organismo adopte una dinámica estable y sin molestias al flexionar la zona abdominal.

    Lo que puedes intentar, si aún no lo has hecho, es incorporar estiramientos suaves, siempre con moderación y sin forzar. Realizar una caminata corta cada cierto tiempo, alternar posturas y evitar permanecer en la misma posición por períodos muy largos puede ayudar a mejorar la circulación local y a que los tejidos disminuyan su tensión. También es importante considerar el tipo de ropa que usas: prendas muy ajustadas en la cintura podrían incrementar esa sensación de tirantez.

    Si el dolor fuera intenso, constante, empeora con el tiempo o se acompaña de otros síntomas (enrojecimiento, inflamación anormal en la cicatriz, fiebre, cambios en la sensibilidad, secreción), sería aconsejable una evaluación directa. En ocasiones muy puntuales, se generan adherencias internas o reacciones inflamatorias tardías que requieren un seguimiento más detallado. Sin embargo, en la mayoría de las situaciones, estos “piquetes” se van atenuando con el transcurso de las semanas y la reanudación progresiva de las actividades cotidianas.

    Si el malestar continúa o te preocupa demasiado, podemos revisar tu caso con mayor detenimiento. Con un análisis más personalizado, teniendo en cuenta tu historial médico, la técnica quirúrgica empleada y tu evolución concreta, es posible orientarte con mayor precisión, identificar si se necesita algún ajuste y ofrecerte pautas específicas para manejar estas molestias hasta que desaparezcan por completo. De lo contrario, un poco de paciencia y pequeños cambios en la rutina suelen ser suficientes para que esa sensación de piquetes al doblarte se convierta en un recuerdo distante.


  • Por que me duele la cintura del lado de la operación de apéndice

    Por que me duele la cintura del lado de la operación de apéndice

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He visto casos donde, después de una apendicectomía, algunos pacientes mencionan cierto dolor o molestia en la cintura del lado operado. Aunque pueda parecer extraño sentir dolor a esa altura, hay varias explicaciones posibles que suelen encajar con lo que observo en consulta. Tras la cirugía, los tejidos internos están en proceso de cicatrización, ajustándose a la nueva realidad sin el apéndice. Este reacomodo no sólo ocurre en la zona inmediata de la incisión, sino que puede generar tensiones reflejas en músculos y ligamentos cercanos.

    A menudo, el dolor en la cintura puede ser consecuencia de la postura que uno adopta durante el postoperatorio, intentando evitar forzar la cicatriz o el abdomen. Esto puede producir una compensación muscular: sin darse cuenta, el paciente camina o se sienta de forma algo asimétrica, ejerciendo más presión sobre la zona lumbar o lateral, lo que desencadena molestias. Asimismo, hay que tener en cuenta que, durante el procedimiento, ciertas posiciones en la mesa quirúrgica o la manipulación de la zona abdominal pueden dejar cierto grado de inflamación interna, que a su vez irradia incomodidad hacia áreas vecinas.

    En otras palabras, no es solamente la herida superficial lo que cuenta, sino la respuesta integral del cuerpo. He observado que, con el paso de las semanas, cuando el paciente retoma actividad física moderada —caminatas cortas, ejercicios suaves de estiramiento— y se relaja la tensión interna, estas molestias tienden a disiparse. Mantener una buena hidratación, seguir una dieta equilibrada rica en fibra para evitar esfuerzos al evacuar, y no permanecer demasiado tiempo en una misma posición también pueden ayudar.

    Ahora bien, si el dolor es intenso, persistente, incrementa con el tiempo o se acompaña de otros síntomas preocupantes (fiebre, enrojecimiento inusual, endurecimiento o hinchazón anómala), convendría valorar el caso más a fondo. De ser necesario, una revisión personal permitiría confirmar si se trata de algo transitorio propio del proceso de recuperación, o si existe alguna particularidad que requiere atención adicional. En la mayoría de las situaciones, con un poco de paciencia y cuidado, esta sensación de tirantez o dolor en la cintura se desvanece conforme el cuerpo completa su proceso de restauración interna.


  • Si me operaron de peritonitis hace 10 días cuando podré comer ensaladas crudas con limón o el tomate

    Si me operaron de peritonitis hace 10 días cuando podré comer ensaladas crudas con limón o el tomate

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He observado en pacientes con cirugías abdominales complejas, como las derivadas de una peritonitis, que la transición hacia alimentos frescos y crudos debe hacerse con cautela. A los 10 días de la intervención, el sistema digestivo aún está en etapa de recuperación: los tejidos internos se encuentran cicatrizando, y el intestino puede mostrarse más sensible de lo habitual ante texturas duras o alimentos que generen gases o acidez.

    Las ensaladas crudas, especialmente con limón y tomate, pueden resultar un desafío en este punto. El limón aporta acidez, y el tomate, aunque nutritivo, también puede ser ligeramente irritante para un abdomen que todavía no ha retomado su funcionalidad plena. Por lo general, tras la segunda o tercera semana se suele tolerar mejor la fibra cruda y los alimentos con sabores más intensos, siempre y cuando el paciente no presente molestias como inflamación, dolor o cambios bruscos en el ritmo intestinal.

    Una estrategia que he recomendado a algunos pacientes es introducir estos alimentos gradualmente. Por ejemplo, antes de lanzarte a una ensalada completa, podrías probar con una pequeña porción de vegetales suaves o cocidos al vapor, e ir avanzando hacia lo crudo de forma escalonada. Si toleras bien esa etapa, podrías añadir un poco de tomate pelado y sin semillas, y apenas unas gotas de limón, incrementando lentamente la cantidad según la respuesta de tu cuerpo.

    Si, al intentar esta aproximación paulatina, notas sensación de tirantez, dolor, gases excesivos o digestiones incómodas, puede ser señal de que aún no es el momento adecuado. En esos casos, lo mejor es esperar unos días más e intentar nuevamente más adelante. Con la información precisa sobre cómo va tu recuperación —por ejemplo, si ya no sientes dolores intensos, no presentas fiebre ni alteraciones intestinales significativas— se puede ajustar el ritmo de reintroducción de alimentos.

    Si hay dudas persistentes o signos de que el intestino no está listo (como náuseas, distensión importante o malestar constante), quizá convenga una revisión más detallada. He visto que con un seguimiento cercano, ajustando la dieta y las pautas nutricionales, la mayoría de los pacientes retoman sus ensaladas y frutas frescas sin contratiempos una vez superada la etapa más delicada de la recuperación. Con un poco de paciencia, es muy probable que pronto puedas disfrutar nuevamente de esos sabores frescos sin incomodidad.


  • Hola me operaron hace tres meses y me duele mi herida , y me salió como ampollas es normal y se me p

    Hola me operaron hace tres meses y me duele mi herida , y me salió como ampollas es normal y se me pasará o que debo hacer ?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He notado en ciertos pacientes que, incluso al cabo de tres meses después de la cirugía, pueden presentarse molestias en la zona de la herida. Pequeñas ampollas o protuberancias cerca de la cicatriz no son del todo inusuales, aunque no siempre indiquen algo grave. Estos hallazgos pueden deberse a varios factores: desde la reacción del cuerpo a los puntos internos o la malla (si se utilizó), hasta roces con la ropa, sudor, o incluso la formación de pequeñas costras que se inflaman temporalmente.

    A veces el organismo reacciona produciendo tejido cicatricial un tanto “irritado” o sensible, dando la impresión de ampollas o granitos alrededor de la línea de la incisión. Con el tiempo y los cuidados adecuados, estos suelen mejorar de manera gradual. Puedes probar algunas medidas sencillas: mantener la zona limpia y seca, evitar prendas demasiado ajustadas, y aplicar una compresa tibia (no caliente) durante algunos minutos, siempre y cuando no sientas dolor intenso ni notes signos de infección (como enrojecimiento muy marcado, calor excesivo, secreción o mal olor).

    Si las molestias persisten, aumentan o aparecen síntomas como fiebre, es recomendable buscar una valoración más personalizada. En ocasiones, basta con una simple revisión para descartar un granuloma, una leve irritación de la piel o algún punto interno que no se haya reabsorbido correctamente. Ajustando las indicaciones, con frecuencia se logra aliviar esta sensación incómoda. La mayoría de mis pacientes encuentra que, con un poco de cuidado y supervisión, estas ampollas y el dolor residual van cediendo hasta desaparecer por completo.


  • Si tengo una infeccion en la Mano, algo causado por una herida y que es un poco grave pero estoy en

    Si tengo una infeccion en la Mano, algo causado por una herida y que es un poco grave pero estoy en tratamiento, surge algun efecto negativo?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He observado que, en pacientes con infecciones en la mano, sobre todo aquellas surgidas por heridas o cortes algo profundos, la recuperación puede volverse un poco compleja si no se maneja con cuidado. Cuando dices que es “algo grave pero estás en tratamiento”, asumo que ya recibes antibióticos o intervenciones para controlar la infección. Sin embargo, aunque estés en el camino correcto, es importante tener en cuenta ciertos puntos que he visto frecuentemente en casos similares.

    En primer lugar, hay que entender que la mano es una estructura anatómica compleja, con numerosos tendones, ligamentos, nervios y vasos sanguíneos muy próximos entre sí. Una infección, incluso una moderada, puede afectar no solo la piel, sino también tejidos más profundos. Si la infección penetra capas internas, las complicaciones podrían incluir la formación de abscesos, daño a tendones o articulaciones, y en casos extremos, limitación de la movilidad a largo plazo. Además, algunas infecciones mal controladas pueden provocar un desequilibrio que conduzca a la aparición de cicatrices internas o rigidez permanente en ciertos dedos.

    El efecto negativo más común al que uno debe estar alerta es el retraso en la recuperación total de la funcionalidad de la mano. He visto casos en los que los pacientes, confiados en que ya están bajo tratamiento, minimizan las molestias y no acuden a revisiones puntuales. Esto puede resultar en que la infección no termine de erradicarse del todo. Otra consecuencia puede ser el dolor persistente, que, con el tiempo, afecta la calidad de vida. Por ello, además del tratamiento médico —típicamente antibióticos, curaciones y, en ocasiones, drenaje del área afectada—, es importante cumplir con las indicaciones al pie de la letra, mantener la zona limpia y vigilar de cerca la evolución.

    Si la infección afecta estructuras profundas o delicadas, el proceso de rehabilitación puede volverse más extenso. He observado que, a veces, tras controlar la infección, los pacientes necesitan terapia física para recuperar la movilidad, la fuerza y la destreza. Esto no significa que siempre ocurra, pero es un escenario posible, sobre todo si la infección estuvo cerca de tendones, articulaciones o vainas sinoviales.

    Por supuesto, cada caso es único. Algunas personas responden muy bien al tratamiento inicial, y en un par de semanas prácticamente han olvidado el incidente. Otras requieren un ajuste, ya sea en la medicación, en la frecuencia de las curaciones o incluso en la consideración de una intervención quirúrgica menor para limpiar el área de forma más exhaustiva. Si notas que el enrojecimiento no disminuye, el dolor empeora, aparece fiebre, supuración excesiva o hinchazón inusual, es muy importante que no lo dejes pasar. Un control más cercano evita complicaciones mayores y facilita una recuperación más rápida.

    En resumen, sí, una infección de mano, incluso tratada, puede tener efectos negativos si no se controla adecuadamente. Pueden ir desde molestias pasajeras y alteraciones en la movilidad hasta complicaciones más serias que requieran terapias adicionales. Por ello, no dudes en prestar atención a cualquier cambio. Si tienes la posibilidad, revisar tu caso de forma personalizada nos permitiría ajustar el tratamiento según la evolución, mejorar las condiciones de la herida y asegurarte el mejor desenlace posible. En la mayoría de los casos, con un monitoreo cercano y una respuesta oportuna a cualquier signo de alerta, esas complicaciones se evitan o se enfrentan a tiempo, asegurando que a largo plazo la mano recupere su funcionalidad casi por completo.


  • Hace mes y medio me operaron de una apendicitis y me duele mi abdomen del lado izquierdo y lo siento

    Hace mes y medio me operaron de una apendicitis y me duele mi abdomen del lado izquierdo y lo siento un poco inflamado es normal?? Cuando estoy acostada de repente siento unos pinchazos..

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He tenido la oportunidad de observar que, a mes y medio de una apendicectomía, algunos pacientes describen sensaciones similares: una leve inflamación y dolor en zonas cercanas, pero no necesariamente en el lado derecho, donde se realizó la intervención. Aunque la lógica indique que el foco principal esté del lado operado, el cuerpo no siempre responde de manera tan directa. La cicatrización interna, la tensión muscular por cambios en la postura, la cautela al moverte o el modo en que los órganos y tejidos vecinos se van adaptando a la nueva configuración interna pueden producir molestias en áreas aparentemente alejadas de la incisión original.

    Es cierto que, con seis semanas de recuperación, ya deberías estar notando una mejoría significativa en comparación con las primeras semanas. Aun así, no resulta extraño sentir ocasionales pinchazos o tensiones, sobre todo al acostarte o cambiar de posición bruscamente. El tejido interno todavía puede estar un poco sensible, y los nervios, tendones y músculos, tras haber estado distendidos durante el acto quirúrgico, pueden requerir más tiempo para recuperar su elasticidad y fortaleza original.

    La ligera inflamación del lado izquierdo podría deberse a múltiples causas menores: por ejemplo, el simple hecho de proteger la herida ha podido llevarte a adoptar posturas que sobrecarguen un lado del abdomen, provocando que ciertos músculos se contracturen o se irriten. He visto pacientes en los que ejercicios suaves, caminatas cortas o cambios graduales en la rutina ayudan a aliviar estas molestias. Por supuesto, siempre con prudencia, ya que forzar demasiado pronto tampoco es la idea.

    Si el dolor es leve, intermitente, y no va acompañado de otros síntomas alarmantes, como fiebre, enrojecimiento notorio, secreción o dolor intenso y constante, es probable que forme parte del proceso normal de sanación interna. No olvidemos que, aunque por fuera la herida ya luzca bien, internamente los tejidos necesitan más tiempo para consolidar su cicatrización. Puede tardar varios meses en que todo recupere plenamente su tono y la sensación habitual.

    En cualquier caso, si notas que estas molestias aumentan en frecuencia o intensidad, o si la inflamación se vuelve más notoria en días sucesivos, valdría la pena revisar la situación con más detalle. Puede ser una simple tensión muscular que se resuelva con indicaciones específicas, o en casos muy puntuales, la presencia de adherencias internas o irritación que requiera ajustes en las recomendaciones. Una valoración más personalizada te permitiría tener la tranquilidad de saber si estás en el curso normal de la recuperación o si es necesario un enfoque distinto.

    Al final, el cuerpo comunica a su manera, y esas sensaciones son su forma de decirte que aún está en proceso de adaptarse. Con el tiempo, paciencia y algunas atenciones extra, la gran mayoría de los pacientes logra que estos pinchazos y sensaciones de inflamación se difuminen hasta el punto de convertirse en un recuerdo lejano. Si la duda o la incomodidad persisten, con una revisión adecuada se puede encaminar la recuperación de modo que el malestar vaya disminuyendo hasta desaparecer.


  • Buenas tarde dr después que tengo un mes operado de apendicitis es normal haya engordado 3 kg

    Buenas tarde dr después que tengo un mes operado de apendicitis es normal haya engordado 3 kg

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He notado en varios pacientes que, tras una apendicectomía, durante el primer mes de recuperación se producen cambios en sus rutinas diarias que a veces conducen a un ligero aumento de peso. Pensemos en lo que sucede después de la cirugía: se reduce la actividad física, ya no realizas las mismas caminatas ni ejercicios que antes; además, es posible que el apetito se mantenga o incluso aumente ante la disminución del gasto calórico. A esto se suma que, durante la convalecencia, muchos pacientes se permiten ciertos “caprichos” alimentarios o simplemente optan por comidas fáciles y rápidas de digerir, pero no siempre las más ligeras.

    Con las primeras semanas de reposo, el organismo tiende a retener algo más de líquido y a modificar su metabolismo. El cuerpo está en plena fase de cicatrización y recuperación interna; en ese proceso puede experimentar pequeños desbalances hormonales o variaciones en los niveles de actividad del sistema digestivo. Si a eso sumamos el reposo prolongado, no resulta sorprendente que la balanza muestre un incremento de un par de kilos.

    He visto casos en los que, tras el primer mes, el paciente nota uno o dos kilos adicionales sin haber cambiado demasiado su dieta, simplemente por la reducción del gasto energético. Tres kilos no es una cifra exorbitante, pero sí marca una diferencia suficiente para que lo notes en tu ropa o en cómo te sientes. Ahora bien, esto no significa que debas preocuparte en exceso: una vez que reanudas gradualmente tu rutina, retomes el ejercicio moderado (según las indicaciones médicas, sin forzar el área operada) y ajustes la alimentación hacia opciones más balanceadas, es común que esos kilos extras se estabilicen o incluso se pierdan sin mayor complicación.

    No olvides que cada cuerpo reacciona de manera distinta. Hay quienes apenas suben de peso tras la cirugía, mientras que otros experimentan fluctuaciones más marcadas. La clave es mantener cierta vigilancia: fíjate si, a medida que pasa el tiempo, esos 3 kg se mantienen, aumentan o disminuyen. Si notas que pasan las semanas y sigues ganando peso sin razón aparente, valdría la pena ajustar tu dieta, reducir el consumo de alimentos ultraprocesados y, cuando tu cirujano o médico de cabecera lo aprueben, incorporar una rutina de ejercicios ligeros (caminar, estiramientos, algo de fortalecimiento suave) para reactivar tu metabolismo.

    Si la situación te genera inquietud, sería recomendable una evaluación personalizada. Revisar tus hábitos alimenticios, tu nivel de actividad, e incluso descartar algún desequilibrio metabólico o retención de líquidos significativa, podría aclarar el panorama. En la mayoría de los casos, no hace falta nada más que retomar una vida más activa y una dieta equilibrada para que el peso vuelva a su cauce. Así que, en líneas generales, no es raro haber ganado unos kilos, pero esto no debe tomarse como permanente ni alarmante a un mes de la cirugía. Con un poco de paciencia y algunos ajustes, lo más probable es que recuperes el equilibrio sin mayores problemas.


  • 4 años después de una colocación de malla umbilical sale en una resonancia desprendimiento de malla

    4 años después de una colocación de malla umbilical sale en una resonancia desprendimiento de malla

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He tenido la oportunidad de ver casos en los que, con el paso de los años, la malla colocada para reparar una hernia umbilical muestra cierta pérdida de sujeción. Que la resonancia indique un desprendimiento no significa necesariamente una urgencia quirúrgica inmediata, pero sí es un hallazgo que conviene evaluar con cuidado. Después de cuatro años, los tejidos alrededor de la malla ya deberían haberse adaptado, pero diversos factores —como tensión constante en la zona, cambios de peso, esfuerzos físicos repetidos o incluso la calidad y tipo de malla utilizada— pueden influir en la integridad de la reparación.

    Cuando se detecta este tipo de desprendimiento, lo primero es interpretar los síntomas del paciente: ¿existe dolor, sensación de tirantez, bultos o molestias constantes? También es importante considerar si el área presenta cambios en la piel, inflamación o una recurrencia visible de la hernia. Hay casos en los que la malla, a pesar de cierta separación, aún brinda contención suficiente y el paciente permanece asintomático, limitándose a un control regular para vigilar la evolución. En otros, si las molestias se hacen evidentes o existe riesgo de que la hernia reaparezca con mayor intensidad, podría valorarse un abordaje quirúrgico para ajustar o reemplazar la malla.

    La mayoría de los pacientes que he visto con un escenario similar se benefician de una evaluación personalizada. Con un examen físico minucioso y la correlación de imágenes, se puede determinar si la malla continúa cumpliendo su función estabilizadora o si resulta conveniente planear una intervención para evitar complicaciones mayores. En algunos casos, bastan indicaciones específicas sobre limitación de esfuerzos y seguimiento cercano, mientras que en otros se recomienda una revisión quirúrgica con las técnicas actuales, que suelen ser menos invasivas y más precisas.

    En definitiva, el desprendimiento de la malla a los cuatro años no es algo que se deba ignorar, pero tampoco significa automáticamente un gran problema si no hay síntomas alarmantes. Una valoración completa permite tomar la decisión adecuada, ya sea simplemente vigilar la evolución, hacer pequeños ajustes en el estilo de vida, o, si es necesario, recurrir a una corrección quirúrgica. Con la información completa en mano, el paciente puede contar con un plan bien definido y la tranquilidad de saber qué esperar a futuro.


  • Hola, tengo 15 días de estar operada de la apéndice y en la herida siento una bolita me pregunto si

    Hola, tengo 15 días de estar operada de la apéndice y en la herida siento una bolita me pregunto si es malo?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He observado que, a unos 15 días de una apendicectomía, es relativamente común percibir pequeñas protuberancias debajo de la cicatriz. En muchos casos, esto se debe a la formación de un pequeño seroma (acumulación de líquido), un hematoma menor o incluso a la presencia de un punto interno que esté cicatrizando. Este tipo de bultitos suelen ser palpables al tacto y pueden generar cierta ansiedad en el paciente, pues no siempre se espera notar algo así tras la cirugía.

    Por lo general, si esa “bolita” no duele de manera intensa, no está enrojecida, no supura ningún líquido y no se acompaña de fiebre o malestar creciente, es probable que no represente un peligro inmediato. Con el paso de las semanas, la mayoría de estas molestias se reducen a medida que el organismo reabsorbe el líquido, consolida la cicatrización interna o se adapta al nudo de la sutura. He visto casos donde, tras unas pocas semanas adicionales, esa protuberancia desaparece sin necesidad de intervención extra.

    No obstante, no debe restarse importancia a tu percepción. Si la bolita aumenta de tamaño, se endurece, se pone caliente, duele de manera intensa o se asocia con otros síntomas (como fiebre, cambios en la textura de la piel, secreciones o incomodidad al moverte), podría indicar algún tipo de complicación, ya sea una leve infección bajo la piel, un absceso en formación o la reacción a un punto que no se está disolviendo como debería. En esas situaciones, es mejor no esperar a que “se resuelva solo”.

    Si tienes la posibilidad, una valoración más directa, observando la cicatriz y palpando el área con cuidado, permitiría descartar cualquier complicación. Revisar el caso de manera personalizada, conociendo el tipo de sutura que se usó y la técnica quirúrgica empleada, ofrece la ventaja de ajustar las recomendaciones según tu circunstancia particular. De ser necesario, puede indicarse una ecografía simple para evaluar el contenido de esa bolita (si es líquido, tejido inflamado o algo más) y tomar decisiones informadas.

    En la gran mayoría de las situaciones que he observado, estas pequeñas protuberancias postoperatorias no requieren intervenciones mayores, siempre y cuando se vigilen y no presenten signos de alerta. Con un poco de paciencia, buen cuidado de la herida y, si fuese imprescindible, una consulta de seguimiento, es posible despejar las dudas y asegurar que tu recuperación siga el mejor curso posible.


  • Me operaron de obstrucción del intestino delgado. Tiempo estimado que podre trabajar

    Me operaron de obstrucción del intestino delgado. Tiempo estimado que podre trabajar?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He observado que la recuperación tras una cirugía por obstrucción del intestino delgado puede variar considerablemente, dependiendo de aspectos como la complejidad de la intervención, el tipo de abordaje (abierto o laparoscópico), la extensión de la zona intestinal afectada y las condiciones individuales del paciente. En general, durante las primeras semanas el organismo se centra en restaurar el tránsito normal, estabilizar la función digestiva y permitir la cicatrización adecuada de los tejidos, por lo que el retorno a la vida laboral no debe apresurarse si queremos evitar recaídas o complicaciones a mediano plazo.

    Aunque no hay una regla inquebrantable, a menudo sugiero a mis pacientes esperar, como mínimo, entre cuatro a seis semanas antes de reincorporarse a sus labores, sobre todo si su trabajo implica esfuerzos físicos, levantamiento de objetos pesados, movimientos bruscos o turnos prolongados de pie. Este margen no es caprichoso: en ese lapso, el intestino y las estructuras abdominales internas —que han sido manipuladas o resecadas, dependiendo del caso— completan buena parte de la cicatrización inicial, reduciendo el riesgo de hernias incisionales, tensiones excesivas o dolor persistente.

    No obstante, he visto casos en los que, tras una cirugía relativamente menos invasiva o si el paciente goza de una recuperación inusualmente ágil, puede considerarse retomar actividades ligeras un poco antes. La clave está en el tipo de labor que se desempeña: no es lo mismo volver a un escritorio, donde la mayor exigencia es tolerar la posición sentada y una tensión mental más que física, que regresar a un entorno fabril donde se manejan cargas considerables. Para quienes realizan labores de oficina, a veces basta con dos o tres semanas y ajustes en la postura y la ergonomía del puesto de trabajo. Pero si la demanda es más física, el organismo agradecerá unas cuantas semanas adicionales de calma.

    Por otro lado, la señal más confiable suele ser la respuesta de tu propio cuerpo. He insistido mucho con mis pacientes en la importancia de escuchar las sensaciones: si al intentar tareas cotidianas notas dolor, tirantez, inflamación o fatiga que no cede con el reposo, probablemente es una pista de que aún no ha llegado el momento de enfrentar la rutina laboral a plena capacidad. De igual modo, si la digestión aún no está regulada, si persiste el estreñimiento, las náuseas o la sensación de gases atrapados, forzar el retorno al trabajo podría retrasar la recuperación plena.

    Una estrategia útil es plantear una reincorporación gradual. He sugerido a algunos pacientes iniciar con media jornada, labores menos intensas o alternar pausas para levantarse, caminar un poco y evitar posturas rígidas por tiempo prolongado. Este método escalonado permite evaluar cómo responde el organismo en condiciones reales, sin forzarlo a dar el 100% de inmediato. Además, no está de más recordar que la nutrición balanceada, el aporte adecuado de líquidos y, en la medida de lo posible, un plan de ejercicios suaves aprobados por el médico, contribuyen a acortar el tiempo de recuperación.

    Si después de estos lineamientos generales la duda persiste, resulta lógico una evaluación más cercana. Una revisión médica, un breve examen físico o incluso una conversación detallada sobre las exigencias de tu trabajo pueden ayudar a determinar un lapso más exacto y personalizado. He visto que, con un poco de orientación y ajustando las expectativas, la mayoría de las personas logra volver a su vida laboral con mayor seguridad y menos incomodidades. En última instancia, se trata de priorizar la salud a largo plazo y asegurar que ese intestino, ahora liberado de la obstrucción, pueda funcionar con normalidad sin exponerse a tensiones prematuras.


  • Tengo 17 días que me realizaron operación del apéndice y me sale un liquido como café transparente,

    Tengo 17 días que me realizaron operación del apéndice y me sale un liquido como café transparente, no huele mal, no he tenido fiebres ni náuseas, solo un poco de dolor en la herida y ese liquido que me sale, me da un poco de miedo aunque el doctor de la unidas de salud me dice que es normal y me retiraron los puntos pero aún sale ese liquido??

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He visto casos similares en pacientes que, unas dos o tres semanas después de la apendicectomía, notan la presencia de un líquido que drena por la herida. Aunque a primera vista resulte inquietante, la descripción que ofreces —un líquido de color café claro o ámbar, sin mal olor, ausencia de fiebre o náuseas y un dolor leve en la zona— suele ser congruente con lo que consideramos un seroma o una colección de fluido residual tras la cirugía. Esto no es extraño, sobre todo si la herida se estuvo cerrando y, al retirarse los puntos, quedó una vía de salida para que el organismo elimine el exceso de líquido.

    Durante la cirugía y el proceso posterior, los tejidos internos han sido manipulados y se produce inflamación, la cual genera fluidos que deben reabsorberse gradualmente. Cuando el cuerpo no logra reabsorberlos por completo, una parte puede acumularse formando un seroma, que a veces encuentra un pequeño orificio por donde drenar. El hecho de que el líquido no huela mal y que no presentes fiebre ni otros síntomas sistémicos (como escalofríos, vómitos o dolor intenso) tiende a ser un buen indicador: es poco probable que se trate de una infección. Si fuera infección, el líquido podría ser purulento, verdoso o con olor desagradable, y con frecuencia vendría acompañado de fiebre, enrojecimiento de la zona o empeoramiento del dolor.

    He observado que, en la mayoría de estos casos, el drenaje del líquido disminuye con el tiempo a medida que el tejido cicatriza internamente. Es parte de lo que algunos llaman “cicatrización por segunda intención” en zonas donde la herida deja un canalito mínimo. Con la desinflamación de la región y la recomposición de los planos musculares y cutáneos, este goteo debería ir reduciéndose hasta desaparecer. Eso sí, el proceso puede tomar unos cuantos días o incluso un par de semanas adicionales.

    Mientras tanto, lo más recomendable suele ser mantener una buena higiene local. Sin realizar maniobras bruscas, es importante limpiar suavemente el área siguiendo las indicaciones del médico. Evita apretar la herida o manipularla en exceso, ya que podrías alterar la cicatrización. Usar gasas estériles para cubrir la zona, cambiándolas con regularidad, ayuda a absorber el líquido sin exponer la herida a contaminación externa. Aunque tu médico ya te haya dado el visto bueno, si en algún momento notas cambios —por ejemplo, el líquido se vuelve opaco, denso, con mal olor, o si aparecen fiebre, dolor creciente, piel muy enrojecida y caliente— entonces sí habría que regresar a consulta cuanto antes.

    También es normal sentir un poco de inquietud o “miedo” al ver que todavía sale líquido 17 días después, pero tu cuerpo está transitando todavía por una fase de reajuste interno. Si el cirujano o el médico del centro de salud donde te atendieron considera que es algo dentro de lo normal, probablemente tenga razón: han visto casos parecidos una y otra vez. Aun así, no está de más que vigiles la evolución y, ante cualquier cambio significativo, solicites una evaluación directa.

    En mi experiencia, la mayoría de las veces este tipo de drenaje residual va disminuyendo hasta que la herida interna consolida su cicatriz y ya no hay líquido que expulsar. Con el tiempo, la zona irá recuperando su aspecto y funcionalidad, y esas incomodidades pasajeras quedarán atrás. Si la duda persiste y quieres una segunda opinión o un seguimiento más detallado, no dudes en acercarte de nuevo a tu médico para una revisión. Es mejor asegurarte y quedarte tranquilo sabiendo que todo evoluciona correctamente.


  • Buenas noches, hace 3 meses me operaron de una hernia inguinal izquierda, cuando estoy durmiendo y m

    Buenas noches, hace 3 meses me operaron de una hernia inguinal izquierda, cuando estoy durmiendo y me muevo o estiro siento dolor o ardor, igual en ocaciones durante el dia me duele en movimientos repentinos, también cuando tozo o estornudo, es normal eso y por cuanto tiempo puede durar esa sensación ?.... Gracias

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He notado que, tras una cirugía de hernia inguinal, incluso a los tres meses, algunos pacientes siguen experimentando ciertas molestias: un ardor leve, punzadas o dolor al realizar movimientos bruscos, al estirarse mientras duermen, o al toser y estornudar. Esto se debe, en gran medida, a que la cicatrización interna continúa avanzando mucho más allá de la apariencia superficial de la herida. Aunque por fuera parezca todo resuelto, por dentro los tejidos siguen adaptándose, la malla —si se utilizó— continúa integrándose, y las terminaciones nerviosas pueden necesitar más tiempo para estabilizarse.

    Este tipo de sensaciones, según he observado, suelen ir disminuyendo gradualmente a lo largo de varios meses. No es extraño que incluso al cuarto, quinto o sexto mes todavía se perciban algunas molestias esporádicas. Conforme la inflamación interna baja y las estructuras cicatrizan con mayor firmeza, es común que el dolor o el ardor disminuyan en frecuencia y en intensidad, permitiéndote retomar movimientos más naturales sin sobresaltos.

    No obstante, conviene prestar atención a la evolución. Si el dolor no sólo persiste, sino que se vuelve más intenso o aparece algún signo que llame la atención —enrojecimiento, hinchazón notoria, bultos inusuales, fiebre o secreciones—, entonces convendría realizar una revisión más detallada. En la mayoría de los casos, sin embargo, estas sensaciones forman parte del proceso de adaptación interna y ceden con el tiempo, sin necesidad de intervenciones adicionales.

    Para ayudar a aligerar estos síntomas, algunos pacientes optan por ejercicios suaves, recomendados tras la fase inicial de cicatrización, que ayudan a fortalecer la zona inguinal y abdominal sin forzarla en exceso. Mantener una buena postura, controlar esfuerzos y, en caso de toser o estornudar, hacerlo de forma que evites tensar bruscamente la región operada (por ejemplo, sosteniendo ligeramente la zona con la mano) también puede ser útil.

    En resumen, que a los tres meses sientas todavía algo de dolor o ardor con ciertos movimientos, toses o estornudos entra dentro de lo posible. He visto cómo, con algo de paciencia y cuidado, estas molestias suelen reducirse con el paso de las semanas. Si notas una mejoría lenta pero constante, lo más probable es que todo vaya por buen camino. Si, en cambio, algo no te convence, no dudes en que una evaluación personalizada podría aclarar cualquier duda y asegurar que la recuperación siga su curso óptimo.


  • Mi hermana la operaron de apendicectomía y le quitaron un ovario es normal estoy preocupa, tiene 20

    Mi hermana la operaron de apendicectomía y le quitaron un ovario es normal estoy preocupa, tiene 20 años y no ha empezado su vida sexual ni tiene hijos

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He visto casos en los que, durante una operación de apéndice, el cirujano encuentra algún problema en un órgano cercano, como un ovario. Puede tratarse de una complicación inesperada: por ejemplo, un quiste ovárico roto, una torsión ovárica, tejido comprometido o incluso signos tempranos de alguna lesión que no podía dejarse pasar. Si los médicos toman la decisión de extirpar un ovario en el momento de la apendicectomía, por lo general es porque consideraron que dejar ese órgano afectado pondría en riesgo la salud de la paciente o generaría complicaciones más adelante.

    Aunque es comprensible que estés preocupada, tener un solo ovario no impide a una mujer llevar una vida reproductiva normal a futuro. El organismo suele compensar: el ovario remanente puede asumir gran parte de la función, produciendo hormonas y óvulos de forma suficiente en la mayoría de los casos. Muchas mujeres con un solo ovario logran embarazos sin mayores dificultades, siempre que el otro ovario esté sano y funcione adecuadamente.

    Es importante, sin embargo, que tu hermana tenga un seguimiento adecuado. Con una evaluación ginecológica posterior, el especialista puede aclarar qué motivó la extracción del ovario, cuál es su estado de salud integral y qué cuidados requiere. De ese modo, podrá proyectar su fertilidad y brindar pautas para el futuro. Si lo deseas, podemos revisar su caso con más detalle, tener acceso a los reportes quirúrgicos y los estudios realizados, lo que permitiría entender la situación con mayor precisión, ofrecerte tranquilidad y, sobre todo, asegurar que su proceso de recuperación y salud a largo plazo estén bien encaminados.


  • Me operaron de apéndice en 2012, pero estoy sintiendo piquetes, como si me cortaran por dentro, y co

    Me operaron de apéndice en 2012, pero estoy sintiendo piquetes, como si me cortaran por dentro, y con mayor regularidad ¿es normal? ¿Qué me recomiendan?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He visto que, con el paso de los años tras una apendicectomía, la mayoría de los pacientes no experimenta mayores molestias. Sin embargo, no es imposible que después de un largo tiempo puedas sentir algunos “piquetes” o sensaciones extrañas en la zona donde se realizó la cirugía. Estos pinchazos podrían obedecer a varias causas: desde adherencias internas (bandas de tejido cicatricial que pueden formarse tras una operación), irritación de terminaciones nerviosas o pequeños cambios en la pared abdominal debidos a esfuerzos, posturas o incluso alteraciones digestivas circunstanciales.

    Ahora bien, no es la norma que estas sensaciones aparezcan de pronto tantos años después. Si notas que los piquetes se vuelven más frecuentes, más intensos o vienen acompañados de otros síntomas como inflamación, dolor constante, cambios en el tránsito intestinal, fiebre o cualquier signo de malestar general, sería prudente que busques una evaluación médica directa. Una simple revisión puede ayudar a descartar complicaciones tardías, adherencias significativas, hernias u otras alteraciones que pudiesen explicar estas punzadas.

    Un médico puede sugerir estudios de imagen, como una ecografía o incluso una tomografía, para verificar que todo esté en orden internamente. En muchos casos, el resultado es tranquilizador: puede tratarse de sensaciones pasajeras, irritaciones musculares o pequeñas adherencias que no requieren intervención alguna. Sin embargo, en caso de detectar algo significativo, abordar el problema a tiempo permite encontrar soluciones más sencillas.

    En suma, aunque no es habitual experimentar piquetes años después de la operación, no hay que pasar por alto el síntoma si se hace recurrente. Valdría la pena una evaluación personalizada para quedarte tranquilo, asegurarte de que no haya nada relevante que atender y, en su caso, darle solución. Si lo prefieres, podemos revisar tu situación con calma, entender tu historial y decidir, con información completa, los pasos a seguir.


  • Tengo cuatro años de operado del apéndice cuánto de pesos puedo cargar

    Tengo cuatro años de operado del apéndice cuánto de pesos puedo cargar

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    He visto casos en los que, tras cuatro años de una apendicectomía, el paciente lleva una vida totalmente normal, sin restricciones especiales en cuanto al peso que puede levantar. Generalmente, la cirugía del apéndice no limita de por vida la capacidad de cargar objetos pesados, siempre y cuando la recuperación haya sido completa, sin complicaciones y el área abdominal se encuentre en buen estado. Por lo común, al cabo de unas pocas semanas o meses de la intervención, ya se puede volver a las actividades habituales sin mayor problema.

    Sin embargo, es importante tener presente que cada organismo es diferente. Si no has presentado molestias, dolor o alguna sensación extraña en la zona quirúrgica durante todo este tiempo, lo más probable es que tu cuerpo esté plenamente adaptado. Pero si, por alguna razón, al levantar objetos muy pesados sientes dolor, tirantez o incomodidad, convendría evaluar la situación más detenidamente. Podría tratarse de una debilidad muscular, adherencias internas o alguna otra condición no relacionada directamente con la antigua cirugía, pero que se manifiesta al aumentar la presión abdominal.

    La recomendación general sería escuchar a tu cuerpo: si sientes que puedes cargar peso sin molestias, y han transcurrido años desde la cirugía sin ningún síntoma, probablemente puedas llevar tu vida normal, incluyendo levantar objetos pesados. Si, en cambio, notas molestias al hacerlo, sería sensato revisar el caso personalmente. Una simple evaluación podría descartar cualquier factor que esté limitando tu fuerza o causando dolor. He visto pacientes que, tras confirmar que todo está bien, vuelven a su rutina sin inconvenientes, mientras que otros requieren algún ajuste, como ejercicios de fortalecimiento de la pared abdominal, antes de retomar actividades físicas intensas.


  • Hola, hace tres años siento como si se durmiera mi pierna en una zona específica y cuando troto o co

    Hola, hace tres años siento como si se durmiera mi pierna en una zona específica y cuando troto o corro a veces no puedo por el dolor
    Me hice estudios de sangre de ácido láctico y salió 478 sin haber echo ejercicio días antes y cuando uso tacones me duele más
    Debería ir al médico?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    La sensación de adormecimiento o “quemazón” en una zona específica de la pierna durante varios años sugiere con frecuencia un problema de nervio (por ejemplo, irritación, compresión o radiculopatía) o, en algunos casos, un tema vascular o muscular que requiere exploración física. El hecho de que se desencadene con trotar o con tacones también apunta a la importancia de revisar postura, calzado y la biomecánica.

    El ácido láctico en sangre no suele ser el estudio principal para diagnosticar estas molestias; puede elevarse en contextos de ejercicio intenso, hipoperfusión u otras condiciones médicas, e incluso tener variaciones por la toma de la muestra. Si verdaderamente está elevado de forma persistente, vale la pena repetir el estudio y correlacionarlo con otros análisis y tu contexto clínico.

    Sí: acude a valoración médica con tu médico de cabecera o un internista/neurólogo para examen neurológico y vascular, y para decidir si requieren estudios adicionales (imagen, electroneuromiografía, etc.). Acude de forma más urgente si hay debilidad, dificultad para caminar, cambio de coloración o temperatura en la pierna, dolor fuerte inesperado, hinchazón importante o síntomas progresivos.


  • Buen día tengo una pregunta, me operaron de apendicitis herida abierta, han pasado 4 días es normal

    Buen día tengo una pregunta, me operaron de apendicitis herida abierta, han pasado 4 días es normal que cuando me levanto de la cama se me baje la tensión, me duele la cabeza y me da mareo, eso es normal?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Dr. Gerardo Dávalos Guzmán

    Hola,

    Lamento que estés experimentando estos síntomas después de tu cirugía de apendicitis. Es comprensible que te preocupes por el mareo, el dolor de cabeza y la sensación de baja tensión al levantarte de la cama.

    Posibles causas de tus síntomas:

    1. Hipotensión Ortostática: Después de una cirugía, es común experimentar hipotensión ortostática, que es una caída de la presión arterial al pasar de estar acostado a estar de pie. Esto puede provocar mareos, debilidad y dolor de cabeza al levantarse.
    2. Deshidratación: La disminución en la ingesta de líquidos después de la cirugía puede llevar a deshidratación, lo que a su vez puede causar baja presión arterial y mareos.
    3. Anemia Postoperatoria: Si hubo alguna pérdida de sangre durante la cirugía, podrías tener niveles bajos de hemoglobina, lo que puede causar debilidad, mareos y dolores de cabeza.
    4. Efectos de Medicamentos: Algunos analgésicos o medicamentos prescritos después de la cirugía pueden tener efectos secundarios como mareos o disminución de la presión arterial.
    5. Debilidad General: El cuerpo está en proceso de recuperación y puede sentirse débil, especialmente durante los primeros días después de una cirugía mayor.

    Recomendaciones:

    • Levántate Lentamente: Al pasar de estar acostado a sentado y luego a de pie, hazlo de manera gradual. Siéntate en el borde de la cama por unos minutos antes de ponerte de pie completamente.
    • Hidratación Adecuada: Asegúrate de beber suficiente agua y líquidos claros, a menos que tu médico te haya indicado lo contrario.
    • Alimentación Nutritiva: Consume alimentos ricos en hierro y nutrientes que ayuden a recuperar tus niveles de energía y a combatir la anemia si es el caso.
    • Evita Movimientos Bruscos: Trata de moverte con calma y evitar esfuerzos físicos hasta que tu médico lo autorice.

    Importante:

    Es fundamental que contactes a tu médico o al equipo de salud que te operó para informarles sobre estos síntomas. Ellos pueden evaluar si se trata de una respuesta normal en tu recuperación o si es necesario realizar alguna prueba adicional o ajustar tu tratamiento.

    No ignores estos síntomas, especialmente si empeoran o si presentas otros como palpitaciones, visión borrosa, desmayos o dificultad para respirar.

    ¡Te deseo una pronta y completa recuperación!


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