Preguntas de pacientes (6)

  • Hola tengo una duda no se si en mi caso necesite ir a una sesión de terapia, pero es que me inquieta

    Hola tengo una duda no se si en mi caso necesite ir a una sesión de terapia, pero es que me inquieta el tema de limites familiares en la relación de pareja siendo adulta joven el año pasado tuve una crisis de pareja debido a que mi madre siempre se oponia a que fuera a la casa de mi.novio por mas que intente decirle y establecer limites sentia que no podía. Al dia de hoy sigo con el y me siento tranquila, pero de a todos modos es algo que sigue ocurriendo la dinámica.con mi mamá y pues he tenido o he querido hacer las cosas a la fuerza, no quiero que estalle otra crisis otra vez y me gustaría prevenirlo, no se si amerite una ayuda profesional

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Lic. Alán Sepúlveda Tamez

    La terapia no reemplaza el acto de poner límites; acompaña la claridad para identificar qué está dentro y qué está fuera de tu control.

    Un límite personal no busca negociación, busca establecer un punto de no negociación. No se trata de que la otra persona esté de acuerdo, contenta o de que dejes de incomodarla, sino de qué tan afín a tus valores resulta decir "no, estoy de acuerdo con esto" — o incluso partir de: "¿podrías aceptar que yo piense o actúe distinto a lo que esperas de mí?" Esa pregunta ya asume que la decisión está tomada; no hay flexibilidad que negociar, y no depende de ti lograr que la otra persona lo entienda. Depende de ti sostener qué puedes aceptar sin ceder solo para quitarte el malestar de encima.

    La diferencia está en decidir desde ti misma, no desde evitar la confrontación. La evitación experiencial resuelve el momento, pero no atiende la raíz: las relaciones se desgastan, el conflicto escala, y terminamos decidiendo por presión y urgencia — buscando alivio inmediato — en lugar de decidir desde claridad.

    La crisis no se previene. Lo que sí se construye son los recursos para responder cuando vuelva a aparecer — y ese es el trabajo terapéutico: no evitar el malestar, sino sostener una decisión desde el malestar, sin ceder a la presión externa ni a cómo quieres que te vean.

    Ese trabajo implica generar tolerancia a la incomodidad, construir recursos de diálogo, establecer distancia cuando hace falta, y separar el problema de quién eres — revisando los juicios autocríticos, los autosabotajes y las formas en que racionalizas, excusas o toleras lo que en realidad no quieres seguir permitiendo.

    No te corresponde prevenir la próxima crisis — eso no está en tus manos. Lo que sí está en las tuyas es tener los recursos para decidir desde ti misma cuando vuelva a aparecer, en lugar de ceder por presión o evitar por alivio. Eso es exactamente lo que se trabaja en terapia.


  • Hola Me pueden orientar porfavor. Mi hija tiene TLP. Está en consulta especial para este tratamient

    Hola
    Me pueden orientar porfavor.
    Mi hija tiene TLP. Está en consulta especial para este tratamiento. Ha mejorado, no ha tenido eventos de gravedad en estos últimos 6 meses. Pero si veo focos rojos.
    Como falta de ánimo para hacer sus labores, come por ansiedad, y esta deprimida pero algo controlada durante el dia.
    Puedo hacer algo para ayudarla!
    No habla mucho o nada de lo que siente, y tengo miedo de que recaiga severamente. Quizá buscar otro tipo de terapia o terapia de la alimentación.
    Gracias

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Lic. Alán Sepúlveda Tamez

    Lo que describe —la falta de ánimo, la ansiedad al comer, el bajo estado de ánimo "controlado"— son señales reales y vale la pena tomarlas en serio. Pero hay una distinción que puede ayudarle a orientar mejor su acompañamiento: evaluar a su hija desde los síntomas es distinto a acompañarla desde quién es — qué siente, qué piensa, cómo se percibe a sí misma en su autoestima, su valor propio y su relación con los demás. Ahí es donde su ayuda como madre tiene más peso, y donde probablemente hace más falta.

    El trastorno límite se entiende hoy más como una condición de origen vincular que como una enfermedad fija. No es que haya un problema de raíz que "curar", sino un factor genético hondado a un patrón de apego que no tuvo suficiente estructura ni regulación para desarrollarse con flexibilidad. Por eso el trabajo terapéutico no apunta solo a contener el síntoma, sino a construir progresivamente la capacidad de regularse: lo que se conoce como ventana de tolerancia. Cuando esa ventana se estrecha, aparecen dos tipos de respuesta — hiperactivación (ansiedad acelerada, desbordamiento, agresividad) e hipoactivación (la lentitud, el desánimo, el "estar apagada" que usted describe). Ambas son respuestas fisiológicas a una amenaza percibida, no fallas de carácter ni falta de voluntad.

    El enfoque de mentalización (basado en el trabajo de Fonagy) parte de algo simple: ayudar a que la persona pueda identificar y nombrar sus estados internos, y conectar lo que siente en el cuerpo con lo que logra expresar. Muchas veces, detrás de "no hablo de lo que siento" no hay ni resistencia ni falta de confianza en usted — hay una dificultad real para traducir lo que ocurre por dentro en algo que pueda decirse en voz alta, y el miedo de que, aunque lo diga, no haya quien realmente lo reciba. Eso no es una falla suya como madre, ni de ella. Es parte de lo que el tratamiento trabaja.

    Lo que usted puede hacer, sin sustituir el proceso terapéutico que ya lleva, es sostener un espacio donde ella no sea vista únicamente a través de su diagnóstico — donde lo que se reconozca sea quién es, no solo qué padece. Eso no contiene el síntoma directamente, pero sí construye el tipo de vínculo seguro que hace más probable que, cuando algo empiece a desbordarse, ella busque apoyo en vez de encerrarse en el silencio.

    Sobre buscar otra terapia o terapia de alimentación: puede ser un complemento útil si el equipo tratante lo evalúa como necesario, pero antes de sumar procesos, vale más preguntarle directamente a quien lleva su tratamiento actual si estos focos rojos ya están siendo trabajados dentro del plan existente. Añadir terapias en paralelo sin esa coordinación puede fragmentar el proceso en vez de fortalecerlo.


  • Tengo 30 años y mis manos son muy pequeñas si las he comparado con las de otras chicas y del mismo

    Tengo 30 años y mis manos son muy pequeñas si las he comparado con las de otras chicas y del mismo tamaño que yo y las mías son pequeñas y eso me causa mucha inseguridad siento que si se fijan mucho en eso

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Lic. Alán Sepúlveda Tamez

    Lo que describes tiene que ver con cómo el lenguaje construye comparación, no solo con el tamaño de tus manos. Desde la teoría del marco relacional —una de las bases de las terapias contextuales— comparar no es un acto neutral: en cuanto ponemos dos cosas una junto a otra, la mente automáticamente genera una jerarquía, aunque el objeto comparado (una mano, un cuerpo) no tenga en sí mismo ningún valor fijo. No es que tus manos "sean" pequeñas de forma problemática; es que el proceso de comparar les asignó un lugar en una escala que tú misma construiste al mirar.

    Desde un enfoque narrativo-somático, lo que valdría la pena explorar es la brecha entre lo que piensas, lo que sientes en el cuerpo, y lo que realmente ocurre a tu alrededor. ¿Dónde se ubica esa inseguridad? ¿Se siente en el pecho, en la garganta, en las manos mismas cuando las escondes o las expones? Esa ubicación suele decir más que el pensamiento repetido de "se fijan en eso".

    Y ahí entra algo importante: no tenemos manera de comprobar que los demás piensan lo que suponemos que piensan. Sin que alguien lo diga explícitamente, cualquier "seguro se fijaron" es una construcción tuya, no una evidencia. Esto es lo que en terapia se trabaja como mentalización — aprender a distinguir entre lo que observamos directamente y lo que inferimos, y a preguntar, aclarar o pedir retroalimentación en lugar de darle por hecho a la mente que ya sabe lo que el otro piensa.

    No podemos cambiar el cuerpo que tenemos. Sí podemos cambiar la relación que sostenemos con él — mirarlo con más compasión, y elegir desde lo que valoras y quién quieres ser, en lugar de desde la comparación constante con un molde ajeno.


  • Hola me pasa que tengo miedo a enloquecer pensamientos horribles..sensación de salir corriendo ....e

    Hola me pasa que tengo miedo a enloquecer pensamientos horribles..sensación de salir corriendo ....es terrible me a dado despersonalizacion igual alguien que me oriente porfavor 🙏

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Lic. Alán Sepúlveda Tamez

    Lo que describes es intenso, y tiene sentido que te asuste. Vale la pena empezar por una distinción que suele aclarar mucho: el miedo es una respuesta fisiológica a algo que el cuerpo interpreta como amenaza presente — aparece para avisar "cuidado, algo está pasando ahora". El temor, en cambio, se construye desde la anticipación: la preocupación por algo que podría pasar, aunque no esté ocurriendo en este momento. Lo que realmente está ocurriendo, en la mayoría de estos episodios, son pensamientos que aparecen — no el peligro que anuncian.

    Un ejemplo simple ayuda a ver esto: si yo digo "ojos que no ven, ..." es casi automático que tu mente complete el refrán, aunque no lo hayas pensado en años. Los pensamientos funcionan así — llegan, aparecen, sin que los busquemos ni los convoquemos. El problema no es que aparezcan; el problema es cuando asumimos que porque aparecieron son míos, son quien soy, o van a determinar lo que voy a hacer. Eso se llama fusión cognitiva: confundir el contenido del pensamiento con la realidad o con la propia identidad. Parte del trabajo terapéutico es justamente lo contrario — reconocer que esos pensamientos, por horribles que sean, no te definen ni pueden actuar por ti. Solo se presentan. Podemos aprender a dejarlos pasar, a observarlos fluir, mejorando la relación con ellos en lugar de pelear contra ellos o creerles automáticamente.

    Sobre la despersonalización específicamente: suele ser una respuesta de protección del cuerpo ante una sobrecarga de activación, no una señal de que estás "enloqueciendo". El sistema nervioso, cuando se satura, puede generar esa sensación de distancia de una misma como forma de amortiguar lo que en ese momento resulta abrumador. Es incómoda y asusta, pero no significa pérdida de control ni de razón.

    El enfoque que suele ayudar aquí combina dos cosas: usar las sensaciones corporales como ancla (algo que puedas sentir en el presente — los pies en el piso, la respiración, una textura) y sostener acciones comprometidas — lo que decides hacer activamente en función de tus valores y lo que quieres para tu vida, en lugar de reaccionar automáticamente a cada pensamiento que aparece. Una forma útil de nombrarlo: estos pensamientos son provisionales — te dan una imagen de lo que podría pasar, pero no son lo que efectivamente está pasando.

    A esto se suma el trabajo de mentalización: aprender a reconocer un pensamiento o una sensación como eso —un estado interno pasajero— y no como un hecho definitivo sobre ti o sobre lo que va a ocurrir. Poder decir "estoy teniendo el pensamiento de que voy a enloquecer" es distinto a "voy a enloquecer" — esa distancia, aunque parezca pequeña, es donde empieza a trabajarse esto en terapia.

    Dado lo intenso que lo describes, sería importante buscar acompañamiento profesional pronto — no para "controlar" los pensamientos, sino para tener el espacio y las herramientas que permitan procesarlos sin que te desborden.


  • ¿El transtorno de bipolaridad es algo que se desarrolla/adquiere o se nace con eso? Me había caracte

    ¿El transtorno de bipolaridad es algo que se desarrolla/adquiere o se nace con eso?
    Me había caracterizado por ser una persona muy tranquila, algunos incluso podría decir que sumamente pasiva, sin embargo, después de haber sido atacada por un familiar (abuso sexual) no logro controlar mis emociones, me enojo, lloro, estoy de malas constantemente, buscando el conflicto o creandolo, luego me siento mal, me culpo, pido disculpas de manera excesiva, reviví las discusiones en mi cabeza buscando escenarios en donde pude haber intensificado la situación, peleo por cosas que ya pasaron, a veces incluso digo cosas durante las discusiones para dañar a otros (de manera que se sientan culpables) pero siempre termino sintiéndome peor, buscando el perdón y odiandome. ¿Es posible que siempre haya sido este tipo de persona y que ahora simplemente algo detonó y lo dejo salir? ¿La maldad, la crueldad y todo este odio que siento siempre han estado ahí?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Lic. Alán Sepúlveda Tamez

    Hay un componente fisiológico en lo que estás viviendo. A mis consultantes suelo decirles: esto no es del todo tu responsabilidad, es tu biología haciendo su trabajo para mantenerte a salvo. Lo que describes —enojarte, buscar el conflicto, ceder después, pedir perdón en exceso— no son rasgos de carácter; son respuestas defensivas que aparecieron y sirvieron en algún momento, cuando no había nada que pudiera contener esa experiencia, explicarla o darle sentido.

    El trauma se vive como algo que ocurrió y que, en el cuerpo, sigue ocurriendo en presente. No es que no lo entiendas, ni que te falte información: es que tu sistema todavía no ha recibido, con la misma fuerza con la que vivió el peligro, la noticia de que el presente es distinto — que el agresor no está ahí, que el entorno cambió. Cuando eso pasa, el cuerpo vive el pasado como si fuera presente: anticipa un peligro que ya no está.

    Es importante distinguir entre quién eres y la respuesta de tus patrones fisiológicos, que se activan cuando aparece un malestar o un detonante. No es que siempre hayas sido así — es que el mecanismo empezó a operar desde ese momento. La idea del trabajo terapéutico es identificar qué lo detona, para poder elegir conscientemente en vez de reaccionar de forma automática.

    Desde un enfoque narrativo-somático, se trabaja la relación entre lo que dices, lo que experimentas y cómo lo resiente tu cuerpo — eso da un punto de anclaje real dentro de la experiencia. Junto con eso, conviene discernir qué está en tu poder y qué no dentro del contexto en el que te encuentras: si no puedes modificar el entorno, a veces lo más sano es salir de él. No es cuestión de capacidad, es cuestión de discernimiento — qué es mío, qué no es mío, y hasta dónde puedo o no tener control.

    De ahí se trabaja hacia la aceptación radical: reconocer qué no puede modificarse, y qué sí está en ti para trabajar. La culpa y la vergüenza —y otras sensaciones difíciles de nombrar— son parte esperable de esto, porque una experiencia que no puede explicarse del todo es, por definición, traumática. Aquí aparece algo común: el llamado síndrome del superviviente, donde la víctima suele adjudicarse la responsabilidad porque eso da una ganancia — si el problema soy yo, entonces puede tratarse, puede prevenirse, puede explicarse desde mí. Pero la solución no está ahí. Está en integrar, entender y soltar aquello que nunca fue tuyo, y reconstruir desde tus valores y tu autoestima.

    Sobre tus dos preguntas directamente:

    La bipolaridad tiene un componente genético y biológico identificado, y es un diagnóstico distinto a una respuesta traumática — aunque ambas pueden parecerse desde afuera: cambios de ánimo, irritabilidad, ciclos de culpa. Lo que describes, apareciendo después de un evento específico de abuso, es más consistente con una respuesta traumática que con un trastorno del ánimo de origen biológico — pero esa distinción no puede hacerse desde un mensaje escrito. Requiere una evaluación clínica completa, y vale la pena buscarla, precisamente para no cargar con una etiqueta que no te corresponde ni dejar de atender la que sí.

    Y no: la maldad, la crueldad, el odio que describes no siempre estuvieron ahí. Lo que vives es un patrón de protección que tu sistema nervioso construyó para sobrevivir algo que no tuvo, en su momento, forma de procesarse. Buscar el conflicto, dañar para después sentirte peor y pedir perdón en exceso es un patrón traumático reconocible — no es evidencia de quién eres en el fondo.

    Dado lo que describes, sería importante buscar acompañamiento profesional pronto, tanto para trabajar el trauma directamente como para tener la evaluación que distinga con precisión lo que estás viviendo.


  • Tengo que escoger universidad y siento una presión inmensa, una me brinda muchas oportunidades, está

    Tengo que escoger universidad y siento una presión inmensa, una me brinda muchas oportunidades, está mejor equipada y es estadísticamente mejor, pero con la otra conecto más y me imagino estudiando allá, la fecha límite está por llegar y no puedo aclarar mi cabeza. ¿Como hago para decidir?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

    Lic. Alán Sepúlveda Tamez

    Para elegir desde la libertad, tendría que haber más de dos opciones sobre la mesa. Si solo hay dos y una fecha límite encima, lo que estás haciendo no es decidir — es estar reaccionando desde la presión. Y eso vale nombrarlo, porque cambia qué información buscar.

    Lo importante aquí no es el entorno observable —lo estructural, lo estadístico, lo evidente— sino cómo te ves a ti mism@ dentro de cada una de esas opciones. ¿Qué sientes en el cuerpo? ¿Dónde sientes calma, pertenencia, tranquilidad? ¿En cuál, al cruzar la puerta, sientes que perteneces ahí? Eso es lo que hay que mirar. El cuerpo ya tiene la respuesta — eso es lo que trabaja la narrativa somática: identificar qué esperamos, qué queremos, versus qué creemos que "deberíamos" elegir. Tener buenas instalaciones, mejores estadísticas, más oportunidades — todo eso es deseable, y probablemente lo sería para cualquier persona. Pero no necesariamente lo es para quién eres tú. Ahí es donde la expresión somática da información más precisa sobre lo que realmente necesitas, y no solo lo que la urgencia del plazo te empuja a decidir.

    Te recomendaría llevar esto al terreno corporal literalmente: ir físicamente a las instalaciones de ambas, si es posible, y registrar dónde tu pecho se abre en vez de cerrarse, dónde tus manos se sueltan en vez de tensarse, dónde tu voz habla con soltura en vez de contenerse. Eso no es casualidad ni sugestión — desde la teoría polivagal, esas son señales del sistema de compromiso social: el estado en el que el cuerpo se siente lo bastante seguro como para mostrar curiosidad, apertura y conexión genuina en lugar de cautela o cierre. Cuando el cuerpo está en ese estado, tiende a acercarse; cuando percibe amenaza o desajuste, tiende a cerrarse o retraerse, aunque la mente no tenga todavía las palabras para explicar por qué.

    La información que necesitas para decidir ya la tienes en los números y las comparaciones. Lo que falta es la certeza — y esa no se construye en el imaginario mental, sino en el cuerpo, al atravesar de verdad la puerta de la universidad que estás por elegir.


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